A casi 20 años de un crimen alevoso

El día 16 de enero del 2018, una patrulla de Gendarmería Nacional Argentina que realizaba un control en la localidad de San Pedro, provincia de Jujuy, verifica a los pasajeros de un micro. En la oportunidad, constata que en una valija uno de ellos llevaba 9,485 kgs de cocaína. Al ser interrogado menciona que era propiedad de otro pasajero que había seguido viaje. Se detiene al colectivo más adelante y se individualiza  al pasajero identificado por su cómplice, quien también es detenido.

La sorpresa fue que el sujeto resultó ser Teodoro Valentín Villagrán, quien fuera el asesino de un Subalférez y un Cabo Primero en Salvador Mazza, ocurrido en 1998. Cabe agregar que este crimen tuvo una enorme trascendencia en su momento, ya que los dos Gendarmes estaban uniformados y fueron asesinados arrodillados, en un real fusilamiento. Tras una larga investigación, Villagrán fue detenido junto a dos cómplices. Tras ser condenado, cumplió la pena y quedó libre hace pocos meses. En este caso específico, intervienen la Fiscalía Federal Nro 2 de Jujuy y el Juez Federal de esa provincia.

Los detalles de un asesinato aberrante

La crónica periodística del hecho indica que el día 18 de septiembre de 1998, el Subalférez Mario Adrián Reynoso, de 21 años, y el Cabo Primero Leocadio Saltos, de 36, descubrieron a tres sospechosos de haber cometido el asesinato de un cambista boliviano en Yacuiba (Bolivia), quienes ingresaban al país. Cuando intentaban identificarlos, fueron acribillados a tiros. Para los investigadores, los homicidas tendrían estrechos vínculos con el narcotráfico y se informó que se trataba de un hombre de nacionalidad paraguaya, un salteño residente de la zona y otro sujeto oriundo de la provincia de Córdoba. En ese momento, se calificó el  episodio como “el más sangriento de la década. Nos llamó la atención la agresividad de los asesinos y la determinación de ejecutar a las víctimas”, dijo uno de los investigadores.

La investigación no fue fácil. Luego de un mes del crimen, se había logrado determinar que los tres delincuentes habían logrado reducir a los gendarmes y en su propia camioneta, los llevaron al “Sector 5”, ubicado al Este del Puente Internacional. Allí los hicieron arrodillar y los mataron a sangre fría, huyendo luego a Bolivia.

Según los testigos, el hecho tenía mucho que ver con una trampa tendida a los Gendarmes. Una persona habría informado al Subalférez Reynoso que había visto a tres sospechosos con un bolso. El joven oficial llamó al Cabo Primero Salto y comenzaron a patrullar la zona. Se asegura que los dos gendarmes se acercaron confiados y con sus armas sin desenfundar, al grupo de sospechosos. Los maleantes sacaron sus armas primero y los gendarmes se tuvieron que entregar. Los testigos vieron cuando desarmaron a los uniformados y los hicieron subir a la camioneta de la Gendarmería a punta de pistola. También aseguran haber escuchado a los vecinos burlarse de los Gendarmes: “Ahí está lo que estaban buscando, milicos hijos de p…”.  Como si fuera una película, otros aseguraron ver pasar la camioneta de Gendarmería con un pistolero al volante y a otro en el asiento de la ventanilla. Los dos gendarmes iban en el medio y el tercer delincuente en la cabina, apuntándoles a los uniformados en la nuca.

Cuando pasaron frente al Puesto 5, los Gendarmes de la garita los llamaron a la radio de la camioneta pero los delincuentes arrancaron los cables. Al llegar a el paraje “El Chorro”, bajaron a los gendarmes  y Reynoso fue ejecutado con munición de calibre 9 milímetros. Salto, en cambio, fue asesinado con una pistola calibre 11,25. Tras la ejecución, cruzaron la frontera llevando las radios manuales de los Gendarmes. Durante toda la noche, realizaron llamadas burlonas a sus perseguidores, favorecidos por el monte y porque los Gendarmes argentinos no cruzaron la frontera en forma ilegal para capturarlos.

Casi un mes después, la policía nacional boliviana detuvo a Teodoro Valentín Villagrán, Julio Alberto Asa y Rafael Ramón Rojas por el asesinato del cambista boliviano Felipe Vázquez Zelaya, de 25 años de edad. Según información judicial, los dos primeros habían participado en la ejecución de los gendarmes y el tercer fugitivo era Carlos Alberto Porcel, quien sería el jefe del grupo y el de mayor peligrosidad.

El Juez Federal Nro 2 de Salta, Miguel Medina, comenzó los trámites de extradición. Sin embargo, los trámites se demoraron hasta la resolución de la causa en territorio boliviano. El fiscal boliviano Ismael Flores Martínez, había anticipado que pediría para cada uno de los detenidos “30 años de prisión por asesinato con premeditación y alevosía, robo agravado y tentativa de homicidio”.

Este alevoso crimen ocurrió hace casi 20 años. En aquella oportunidad, un Gendarme aseguró “Acá nos amenazan todos los días. Porcel nos hizo saber que, si seguíamos apretando (secuestrando drogas), iba a matar a otro Subalférez”. ¿Cambió algo en la frontera?

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