Agua Potable: Un ambicioso programa de inversiones

Las obras del Programa Nacional del Agua buscan universalizar el acceso al agua potable. / Foto: Fernando Calzada

El Programa Nacional del Agua prevé alcanzar, en la próxima década, una cobertura del 100% en el servicio de agua potable y del 75% en sistemas de saneamiento en todo el país.

Nuestro país se enfrenta al desafío de universalizar el acceso de la población a los servicios de agua potable y saneamiento. De acuerdo con estimaciones oficiales, actualmente el 84,4 % de la población tiene acceso al agua potable de red pública, en tanto que esa cifra se eleva al 87 % si se consideran únicamente los hogares urbanos. Mientras tanto, el porcentaje de viviendas particulares con acceso a desagües cloacales abarca el 54% del total y llega al 58% si se consideran solamente las zonas urbanas. A su vez, el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) estima que el 24,7 % de los niños y adolescentes del país no tiene acceso al agua de red o no cuenta con un inodoro con descarga en el interior de su vivienda, en tanto que un 7 % carece de ambos servicios. La problemática respecto del saneamiento es particularmente grave en el Conurbano bonaerense, donde la UCA estima que el déficit de este tipo de servicio afecta al 40% de los niños y adolescentes.

El último informe de seguimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), publicado por el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales, advierte que “si bien históricamente la cobertura de cloacas ha sido menor que la de agua, al analizar la evolución del servicio en los últimos años, es posible advertir que en la mayoría de las provincias se destaca una expansión superior de los desagües cloacales frente al agua potable”. Según explican desde el propio Gobierno, ello se debe a los costos relativamente menores que implica la expansión de la cobertura de desagües cloacales hacia áreas próximas a los centros urbanos, frente a las mayores inversiones necesarias para llegar con la cobertura de agua potable a territorios de difícil acceso, ya sea por su aislamiento geográfico o por las dificultades técnicas que supone el acceso a urbanizaciones informales.

LOS PELIGROS DEL ARSÉNICO

Una de las mayores preocupaciones de los expertos es la existencia de poblaciones en las que se ha detectado un elevado contenido de arsénico en el agua, superior al límite de 0,05 miligramos por litro definido por el Código Alimentario Argentino. “El arsénico es un contaminante de origen geológico, que no es detectado a simple vista, ni tampoco por el olfato o por el gusto”, explica a DEF el ingeniero Gustavo Liviero, gerente comercial de PPE Argentina, empresa especializada en el tratamiento de agua y efluentes. “En muchas regiones, la provisión de agua para bebida se ve seriamente dificultada por la existencia de aguas subterráneas con elevado contenido de arsénico, lo que las hace tóxicas para consumo humano, pues este elemento químico se acumula en el organismo y produce hidorarsenicismo”, detalla, en alusión a una enfermedad crónica –el hidroarsenicismo crónico regional endémico– que puede provocar afecciones en la piel, alteraciones en el desarrollo y distintos tipos de cáncer, así como dolencias cardiovasculares y diabetes.

Un reciente relevamiento del Departamento de Ingeniería Química del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), a partir de 450 muestras procedentes de 100 localidades de todo el país, determinó que uno de cada cuatro argentinos está expuesto a este elemento químico nocivo para la salud. La contaminación afecta, particularmente, a poblaciones que se abastecen de las napas subterráneas. En base a los resultados del mencionado informe, el ITBA elaboró, conjuntamente con la ONG Nutrired, un mapa del arsénico en el país, donde se identifican las zonas más afectadas, entre las que cabe mencionar el corredor de la ruta nacional 5, que arranca en la localidad bonaerense de Chivilcoy y llega hasta Santa Rosa (La Pampa); así como también el sur de Santa Fe y de Córdoba; algunas regiones de Mendoza, San Luis y San Juan; y las provincias del noroeste (NOA) y el noreste argentino (NEA).

¿Cómo se pueden tratar el agua para liberarla de este tipo de contaminación? “El cloruro férrico es un coagulante por excelencia para la potabilización de aguas y tiene la importante ventaja que remueve el arsénico”, responde el ingeniero Gustavo Liviero. Se trata, además, un producto eficaz en la eliminación de sólidos suspendidos y rastros de metales pesados. Por otra parte, aclaran desde PPE Argentina –responsable del desarrollo y la comercialización una amplia variedad de agentes coagulantes–, “se requiere la mitad de cloruro férrico para lograr la coagulación que se lograría con otros coagulantes, como el sulfato de aluminio”.

La contaminación de la cuenca Matanza-Riachuelo es uno de los mayores desafíos en materia ambiental. / Foto: F. Calzada

EL FALLO “MENDOZA” Y SUS SECUELAS

Otro de los grandes dolores de cabeza en materia de gestión de los recursos hídricos, en este caso en la zona metropolitana de Buenos Aires, es el de la cuenca Matanza-Riachuelo, que recorre 80 km desde el partido de Las Heras hasta su desembocadura en el Río de la Plata. Es considerado uno de los diez lugares más contaminados del mundo. De acuerdo con datos del Indec, el 64,4% de la población residente en su zona de influencia cuenta con conexión a la red pública de cloacas, en tanto que el 20,2% posee cámara séptica y pozo ciego, y un 15,2%, únicamente pozo ciego.

Un punto de inflexión, que obligó a las autoridades a tomar carta sobre una situación que hasta ese momento no había sido suficientemente atendida, fue el dictado del fallo “Mendoza” por parte de la Corte Suprema, en junio de 2006. Allí se ordenó al Estado Nacional, a la Provincia de Buenos Aires, a la Ciudad de Buenos Aires y al Consejo Federal de Medio Ambiente a presentar un plan integrado, con objetivos a ser logrado en forma gradual y metas proyectadas en un cronograma temporal. Esa histórica sentencia del máximo Tribunal de Justicia derivó, poco después, en la creación de la Autoridad de Cuenca Matanza-Riachuelo (ACUMAR), con “facultades de regulación, control y fomento respecto de las actividades industriales, la prestación de servicios públicos y cualquier otra actividad con incidencia ambiental” en la zona. La ACUMAR quedó a cargo de la administración de un Fondo de Compensación Ambiental, destinado a la prevención, mitigación y recomposición de los daños ambientales en la cuenca.

Si bien, para lograr el saneamiento de la cuenca, es imprescindible agudizar los controles y el monitoreo por parte de la ACUMAR, también es fundamental avanzar en soluciones tecnológicas para el tratamiento de las aguas y efluentes. Al tiempo que enfatiza que “el principal eje para el saneamiento de la cuenca es dejar de contaminar”, el ingeniero Liviero añade, respecto del tratamiento de efluentes, que “las tecnologías a aplicar son variadas y dependen de las características de los residuos generados”.

EL SANEAMIENTO INTEGRAL DEL RIACHUELO

Con el objetivo de incorporar al servicio de desagües cloacales a 1,5 millones de personas y mejorar la prestación que se brinda a 4,3 millones de vecinos, el Gobierno ha puesto en marcha el Plan Integral de Saneamiento Ambiental del Riachuelo, con una inversión prevista de 1200 millones de dólares, de los cuales 840 millones provienen de un crédito del Banco Mundial. Se trata, según afirma el secretario de Infraestructura y Política Hídrica, Pablo Bereciartúa, del “plan más grande que Argentina está desarrollando en materia de infraestructura en este momento” y va a repercutir en una mejora de la calidad de vida de la población del área metropolitana.

La meta es aliviar el actual sistema cloacal, que se encuentra ya desbordado, y facilitar el tratamiento de los efluentes cloacales que hoy, de manera clandestina o por el funcionamiento irregular de la red, terminan contaminando el Riachuelo. En el corazón de esta iniciativa se encuentra el Sistema Riachuelo, que incluye tres grandes lotes de obras, a cargo la empresa estatal AySA.

El primer lote, que deberá estar terminado a comienzos del próximo año, contempla la construcción del Colector Margen Izquierda y del Desvío Colector Baja Costanera. El Colector Margen Izquierda, con una longitud de 11,2 km, transportará los efluentes servidos de la ciudad de Buenos Aires y parte del Conurbano, e interceptará en tiempo seco los caudales de aliviadores pluviales y arroyos que hoy tienen vuelco directo en el Riachuelo, lo que permitirá desafectar estaciones de bombeo y aliviar el uso de las tres cloacas máximas que se encuentran actualmente en funcionamiento, aportando de ese modo mayor flexibilidad operativa al sistema. Por su parte, el Desvío Colector Baja Costanera, de 5,2 km, cruzará el Riachuelo y transportará el caudal hasta la planta de pre-tratamiento de Dock Sud.

La planta de pre-tratamiento, ubicada en el puerto de Dock Sud, forma parte del segundo lote de obras. Su construcción, que incluirá también una estación elevadora de entrada y una estación de bombeo de salida, permitirá el tratamiento de los afluentes por dilución, un proceso que incluye la remoción de sólidos gruesos, el cribado mecánico fino y la separación de arenas y flotantes. La tercera gran obra del sistema es el Emisario Subfluvial Riachuelo, de km de longitud, que facilitará el transporte de los efluentes pretratados y su disposición adecuada en el Río de la Plata mediante un proceso de asimilación y autodepuración.

FUENTE: DEFONLINE

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