Al Borde del Colapso.  Mentes inquebrantables.

(Por el 2do Cte Juan Manuel Picariello – FFEE de la Gendarmería Nacional Argentina)

A lo largo de mi carrera he deducido que el factor que mejor predice el éxito de las operaciones en circunstancias extremas, no es la fuerza física, ni el talento, ni la inteligencia, sino el temple. Ese espíritu estoico de tranquilidad, tan solo siendo ajeno a las comodidades materiales, a la fortuna externa y dedicándose a una vida guiada por principios y virtudes; el cual se alcanza mediante la disminución de la intensidad de las pasiones y deseos que puedan alterar el equilibrio mental y corporal, pudiéndose de esta manera desarrollar la fortaleza necesaria para hacer frente a la adversidad o situaciones críticas. A esto lo defino como la perseverancia y pasión para alcanzar metas difíciles, “aguantar lo que haga falta y seguir adelante”.

Introducción

El perfil y la mentalidad del hombre de Fuerzas Especiales, denominado comúnmente en la jerga castrense “Operador”, deriva tanto de su condición de experto en el uso de tácticas como el manejo de armas y el equipamiento especial. Como profesional, su vinculación con el ambiente operacional donde trabaja, le confiere una perspectiva peculiar y lo lleva a racionalizar su comportamiento, tanto en su vida particular como profesional. Por tanto los integrantes de grupos especiales tienden a desarrollar hábitos de pensamiento persistente, abnegado, sacrificado, de dureza mental y corporal. De allí su mentalidad tozuda, tenaz, persistente al “nunca rendirse”, lo que es inherente a la realización de su función profesional y que se deduce de su naturaleza y que tiene muy arraigado, entre otras cosas, los conceptos de unidad, patria, orden y deber cumplido.

Muchas veces este tipo de cofradía, desarrolla características típicas de comportamiento, hasta a veces de rechazo, en aquellos momentos cuando se comparten espacio con tropas con primitivo sentido del valor y el sacrificio en aras del deber cumplido. Es por ello que muchas veces se alteran las relaciones sociales y profesionales internas en un ambiente combinado provocados por estos “convencionales”, con tendencia a vivir y trabajar en las dimensiones tradicionales de labor, basadas en la comodidad, oportunismo o la ley del menor esfuerzo en sus tareas y obligaciones.

Entonces muchos se preguntan, donde radica la diferencia entre dos personas, de la misma repartición pero con tal ambigüedad a la hora de buscar resultados.

Se ha especulado en numerosas ocasiones acerca de la supuesta ética profesional de las fuerzas especiales a nivel mundial, diferenciada de la ética de las tropas convencionales. Entonces ¿existe una ética distinta a la convencional?. A mi juicio la respuesta es afirmativa, pues la formación recibida por los operadores promueve una formación siempre al límite, rompiendo el esquema mental del común denominador, colocando el punto de inflexión humano por sobre sus propios límites, generando una ética diferente a la que es usual, por lo que se acepta y considera una violencia controlada arraigada de la naturaleza inmutable de sus entrenamientos. Es por ello que la ética convencional resalta “lo malo” por sobre lo eficaz y eficiente.

La especifica doctrina en los cursos de formación, donde se adecuan situaciones lo más cercanas a la realidad posibles, emulándose ambientes altamente volátiles, crea en la mente del especialista una estructura mental que le permitirá, en situaciones reales, no abrumarse con las complejidades y por su experiencia en entrenamientos, estar dos pasos por delante de los problemas y crear condiciones favorables para tomar decisiones acertadas a corto plazo.

Por eso estos operadores son muchos más propensos al éxito, pues son capaces muchas veces de desvincularse de la misión táctica inmediata y entender como engancha en los objetivos estratégicos.

Por lo tanto, La fuerza mental no es un atributo que se herede, es una cuestión de actitud y una habilidad que, se puede desarrollar y entrenar: ¿como? Entrenando los siguientes aspectos:

  1. Conocerse a sí mismo
  2. Conoce tus objetivos
  3. Desarrolla tanto el instinto como la intuición
  4. Destruye tu ego
  5. Comprende el entorno y toma decisiones.
Conocerse a sí mismo

Conocer las propias limitaciones. Ser meticuloso en los mensajes que da el cuerpo cuando es puesto en situaciones límites. Conocer cómo se comporta al borde del colapso. Los mensajes son muy sutiles tanto que pueden confundirse con el entorno, con el ambiente volátil, con las circunstancias, los ruidos, el dolor corporal, etc, pero si estas suficientemente alerta durante tus entrenamientos puedes conocerte perfectamente en tus puntos de aflicción y estar siempre delante de las circunstancias, lo que te permitirá tomar mejores decisiones en lapsos más cortos.
Estas capacidades también le permiten a los líderes saber hasta donde podrán exigir a sus seguidores o subordinados, sin ponerlos en riesgo y hasta asumir riesgos conforme las condiciones particulares de cada uno en el equipo.

Conoce tus objetivos

Si no conoces hasta donde quieres llegar es muy posible que te quiebres antes de alcanzarlo. Conocer a tu objetivo le agregará valor a la lucha contra los aspectos que influyen directa e indirectamente sobre ti, tu entorno y el camino para alcanzar las metas. Teniendo en vista siempre tu objetivo final, añadirá interés, valor y perseverancia. Estudiá tu objetivo, analizá su situación, elaborá un plan con algunas salidas de contingencia si ves que se desvía del camino hacia tu meta. Prioriza ideas y tareas. Entre el cúmulo de ellas, hay algunas más importantes que no pueden esperar, otras que debes resolver en forma simultánea y también están las que son alcanzables justamente con el objetivo mismo, y no dudes eliminar aquellas que no están vinculadas en forma directa con tu visión.

Desarrolla tanto el instinto como la intuición

Para entender este concepto es necesario que diferenciemos entre instinto e intuición. El primero es una pauta hereditaria de comportamiento a todos los seres vivos. Son aquellas conductas dominadas por el acto reflejo ante cualquier estimulo del ambiente que nos rodea. En el marco de las operaciones de alto rendimiento y estrés es necesario reforzar los instintos reflejos mediante la repetición de movimientos y el acostumbramiento a las técnicas y al equipamiento. La única faceta del instinto que no requeriría entrenamiento previo, pero que se entrena, son las condiciones extremas de la supervivencia.

Mientras que en la intuición, es el conocimiento que no sigue el camino de la razón para su explicación. Por lo tanto este tipo de conocimiento puede acrecentarse con experiencias previas, que para el caso de las operaciones especiales, se forma en los test de reacción de líderes (TRL). Este es un lapso de tiempo donde se incorpora un importante cúmulo de información al operador durante arduas jornadas. Situaciones confusas, cambios bruscos de la situación, todas planificadas y controladas por un educador o instructor provocándole al operador sensaciones enfrentadas como contradicción y desorientación, realidades fuera de tiempo y espacio, creándose situaciones que no pueden explicarse, pero que ante un evento determinado de la vida real se exponen ante él como un “deja vu” de experiencias vividas en los entrenamientos, como atisbos, avisos de alerta respecto a sus limitaciones o capacidades en condición extrema, lo que le permitirá llegar a una determinada conclusión o toma de decisiones acertadas o con menor índice de riesgo.

Destruye tu ego

Todos tenemos un ego, que nos conduce a querer ganar siempre, a ser los mejores; eso es bueno, pero cuando el ego nubla nuestro juicio y nos impide ver la “situación” tal como es entonces el ego se convierte en un problema. Muchos de los problemas de los equipos especiales son atribuidos directamente al ego.

Estar permanentemente en actividades en ambientes altamente volátiles, en la continua asunción de problemas múltiples, implica para los hombres de operaciones especiales evaluar constantemente el grado de humildad. Admitir los errores de tal modo que le permita desarrollar planes para superarlos en forma inmediata sin olvidar que el costo de un error podría resultar en la pérdida de vidas humanas.

Cuando las órdenes o los planes son demasiados complicados, las personas pueden no entenderlos. Incluso el líder que expone el problema tampoco. Es por ello que el hombre de operaciones especiales debe tener una mente entrenada, sosegada, objetiva y realista pero sobre todas las cosas buscar por todos los medios posibles planificar y arribar a la solución del problema incluso cuando las cosas van mal y la complejidad agrava el problema y todo parece estar fuera de control. El especialista no deberá perder el enfoque y el objetivo final, es importante mantener el carácter libre de ego e incluso el buen humor cumple un factor positivo, aun en las peores circunstancias, esto es lo que distingue a un alma forjada.

Comprende el entorno y toma decisiones

El pensamiento y el carácter son uno solo, y mientras el carácter sólo se manifiesta y descubre a través de las circunstancias, más aun cuando son extremas, el entorno de una persona siempre estará influyendo en forma directa su estado interior. Esto no significa que las circunstancias de una persona en un momento dado son un indicador de todo su carácter, sino que aquellas circunstancias están íntimamente conectadas con la apreciación de la situación que lo rodea y puede influir positivamente o negativamente en la toma de decisiones, arribar al éxito o al fracaso.
El operador que no comprende el entorno es abofeteado por las circunstancias mientras que se pierde en sí mismo, nublándosele la mente y esto le impide conducirse con lucidez, rapidez y acierto. No puede haber progreso ni logro sin concentración. Esto se logra solamente cuando un hombre tenazmente se dedica a subsanar los defectos de su carácter con entrenamientos duros. Un hombre sólo empieza a ser operador cuando deja de lamentarse y maldecir, y comienza a adaptar su mente a este factor gobernante, cesa de acusar a otros como la causa de su situación y se forja a sí mismo, deja de patalear contra las circunstancias y empieza a utilizarlas como ayuda para progresar más rápido y como un medio para descubrir el poder y las posibilidades ocultas dentro de sí, pudiendo desarrollar planes altamente valorados en principios de probabilidad y factibilidad y fortaleciendo así su auto-confianza y la de la gente que dirige.

Currículo resumido

Juan Manuel Picariello es Segundo Comandante de Gendarmería Nacional. Realizó los siguientes cursos: Básico y Avanzado de Operaciones Especiales en Monte de GN, Curso Avanzado en la lucha contra el narcotráfico (Ministerio de Seguridad de la Nación), curso de aptitud especial de Comando Jungla de la Policía Nacional de Colombia (intervención Plan Colomba EEUU – SFODA), Paracaidista entre otros. Fue instructor de los cursos de Operaciones Especiales en selva de Gendarmería Nacional.

FUENTE: Revista “Aire Libre. Nota de Juan Manuel Picariello

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