Al Sargento Ayudante Ramón Gumersindo Acosta

Imposible negarlo, imposible no recordarlo, es como decir que el sol no alumbra o que la noche no tiene estrellas. Tuve el gran honor y orgullo de conocerlo, en esos tiempos llevaba orgullosamente la insignia de Sargento Primero.

Su sola presencia, inspiraba y trasmitía respeto y seguridad. Cualidades que muy pocos Gendarmes pueden exhibir naturalmente. Hombre de 1,90 aproximadamente de estatura, lo recuerdo una mañana al pasar frente al Escuadrón “B”, uniforme de instrucción y campaña, camisa arremangada, birrete de tela sin armar, cinturón de cuero marrón cruzado con bandolera y pistolera cajón, portaba su sable largo sobre la cintura lado izquierdo.

Sus pasos, no eran presurosos, pero tampoco lentos, mas bien firmes y seguros, como si no le importara cuanta distancia o hasta qué horizontes debía ir, el sabia que llegaría. Su rostro, de ángulos y pómulos marcados y acentuados, prescindía de toda inocencia, sus ojos profundos de mirar sereno y a la vez seguro en la distancia.

Si, era indiscutiblemente, lo que yo llamo un Señor Gendarme. Lo tenía en sus genes, como si San Martín y Güemes se los hubiesen transferido. Honor, Valor, Inteligencia, Capacidad y Hombría de bien, ha sido y será por siempre uno de los más Grandes y Verdaderos Gendarmes que ha tenido y tendrá la Institución.

Nota de la Redacción:

Escrito por el Suboficial Mayor Ramón Ambrocio Contreras – DNI 13559887 – CR 22469 – XXIII Promoción de Suboficiales “ESCUSUB” Jesús María Córdoba año 1980.

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