Afganistán se ha convertido en el imperio del opio

Ese país exportó en el 2017 un 65% más de narcóticos y las plantaciones pasaron de 200.000 a 328.000 hectáreas. En 2001 los talibanes habían prohibido su cultivo.

Afganistán se ha convertido en el imperio del opio. Que Afganistán es el país que más opio exporta, ya se sabía. Lo que no se sabía es que en el 2017 esas exportaciones crecieron un 65% respecto al año anterior pese a los esfuerzos para impedirlo de Estados Unidos, que ha invertido 7.280 millones de dólares en operaciones contra la droga. La tradición de cultivar opio viene de lejos, pero nunca antes las cifras habían llegado a estos niveles. El país ha pasado de 200.000 hectáreas de plantaciones a 328.000. Según el informe anual de Sigar (Special Inspector General for Afganistán), oficina de observación de las Fuerzas Armadas de EE.UU., la recaudación se ha elevado de 1.500 millones de dólares a 3.000 millones.io y maneja el 90% de la producción mundial

Mayor productor de opio del mundo (se estima que posee el 90% del mercado), desde Afganistán parten tres rutas: hacia el sur de Europa cruzando por Irán y Turquía, a Europa Oriental a través de Asia Central y Rusia, y a África por Pakistán. Es un perfecto engranaje que funciona gracias a una fuerte corrupción en las instituciones públicas y una justicia que hace la vista gorda al negocio.

Antes de que los norteamericanos pusieran un pie en el país, el gobierno de los talibanes, milicia fundamentalista suní, prohibió el cultivo de la planta en el 2001. Los datos de ese año muestran un récord: tan sólo 8.000 hectáreas de plantaciones, un mínimo histó­rico. Pero tras la invasión nor­teamericana los talibanes cambiaron de opinión y ahora incluso recaudan impuestos. En la actualidad es una de las mayores fuentes de financiación del grupo.

Plantaciones de amapolas en Afganistán (REUTERS).

Plantaciones de amapolas en Afganistán (REUTERS).

EE.UU. declaró la guerra a los talibanes tras los atentados del 11-S del 2001, organizados desde Afganistán por el líder de Al Qaeda, Bin Laden, que estaba bajo su protección. Pero antes, durante la administración de Jimmy Carter y más tarde, la de Ronald Reagan, Washington permitió que los beneficios del estupefaciente ayudaran a financiar a los muyahidines que combatían contra el ejército soviético durante la guerra de Afganistán entre 1978 y 1992.

La plantación, conversión y distribución es hoy ilegal pero, en la práctica, se calcula que 590.000 personas trabajan a jornada completa en el negocio del opio. Hay casi tres veces más empleados en este sector que en las Fuerzas de Defensa y Seguridad Nacional de Afganistán (que según el último dato público, del 2012, están integradas por unos 200.000 hombres).

El opio es el petróleo de Afganistán. El informe del Sigar estima que genera entre un 20% y 32% del PIB nacional. Su peso se ha duplicado desde el 2014, cuando según el Banco Mundial el opio producía entre el 10 y el 15% del PIB. La economía del país depende de este gran negocio. Los beneficios de los trabajadores sustentan a las familias para poder pagar educación, vehículos, casas… Y volver a invertirlo: es decir, las amapolas financian tractores, herbicidas, fertilizantes, incluso paneles solares, para mejorar la calidad de más de un tipo de cosecha agrícola.

El opio es el petróleo de Afganistán. Genera entre un 20% y 32% del PIB nacional (AP).

El opio es el petróleo de Afganistán. Genera entre un 20% y 32% del PIB nacional (AP).

Para cortar esta fuente de ingresos a los talibanes, la Administración de Donald Trump ha diseñado un programa aéreo con un nuevo sistema de cámaras, el GIS, que ofrece datos más fiables y reales. El dispositivo toma imágenes de las hectáreas de cultivo que hay por toda la región. Se ha detectado, incluso, un cambio geográfico dentro del país, con nuevas zonas de cultivo en la antigua tierra desértica del suroeste. “El Departamento de Defensa ha sido muy claro. El objetivo de esta campaña no es eliminar el tráfico de drogas, sino privar a los talibanes del flujo económico que obtienen por el negocio del opio”, afirman a este diario desde la oficina estadounidense.

Dentro de las fronteras del país los precios también varían, de 126 dólares por kilogramo en las zonas rurales a 280 dólares en el centro. La gran diferencia de precio se debe al grado de refinamiento en el proceso, si hay más o menos intermediarios que trafiquen con la sustancia y si se vende o no al por mayor como ocurre en las zonas rurales.

El opio no sólo supone ingresos sino también una dura carga para este país tan pobre. Se estima que el 5% de la población es consumidor. Se trata sobre todo de huérfanos y se concentra en la capital, Kabul.

Los precios varían de 126 dólares por kilogramo en las zonas rurales a 280 dólares en el centro (EFE).

Los precios varían de 126 dólares por kilogramo en las zonas rurales a 280 dólares en el centro (EFE).

A pesar de la incautación de 463 toneladas de producto refinado en 3.520 operaciones en lo que llevamos de año, el imperio del opio sigue en pie. La falta de seguridad, la pobreza existente en la zona, la corrupción y los grupos terroristas son los principales obstáculos para la erradicación. Los expertos de Sigar señalan asimismo que en el 2017 la reducción de costes en el cultivo gracias a los paneles solares y bombas de agua, junto a una buena climatología, han impulsado aún más el crecimiento de las plantaciones.

Los opiáceos causan el mayor daño y representan el 76% de las muertes asociadas a consumo de sustancias psicoactivas (AP).

Los opiáceos causan el mayor daño y representan el 76% de las muertes asociadas a consumo de sustancias psicoactivas (AP).

El daño a la salud, dentro y fuera de Afganistán, también ha aumentado en proporción. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, “los opiáceos causan el mayor daño y representan el 76% de las muertes asociadas a consumo de sustancias psicoactivas”.

EE.UU. encabeza la lista de afectados por opiáceosno sólo por el consumo de heroína sino sobre todo de fármacos, obtenidos sin receta médica, que contienen sustancias derivadas del opio. Les siguen de cerca, África y Asia, ya que debido al coste tan alto de las medicinas los traficantes los fabrican ilegalmente y lo venden en el mercado negro, lo que agrava el riesgo a la salud.

FUENTE: Diario La Vanguardia – María Diéguez

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