En la Memoria del Sargento Alberto Escobar, un Gendarme destacado

En el mes de febrero del año 1976, Alberto Escobar era Sargento de la Gendarmería Nacional Argentina y se desempeñaba como Subinstructor en el Escuadrón de Aspirantes “A” de la Escuela de Suboficiales “Cabo Raúl Remberto Cuello” sita en Jesús María, provincia de Códoba.  Fue el primer Suboficial de la Fuerza que realizó el exigente Curso de Comandos en el Ejército Argentino, aptitud que incluía una gran cantidad de conocimientos operativos para realizar las misiones más difíciles del combate, tal como lo demostraron en la Guerra de Malvinas.

La tarde del 2 de febrero del año 1976, el Sargento Alberto Escobar estaba dando instrucción de a una Sección de Aspirantes, cuando por razones que no son pertinentes en esta nota, una granada de guerra explotó en contacto con su cuerpo. Las graves heridas le ocasionaron la muerte, mientras era trasladado en la ambulancia hacia el Hospital.

Su rica biografía

Alberto Escobar nació el 22 de octubre de 1944 en la ciudad de Avellaneda, provincia de Buenos Aires. A temprana edad se trasladó a la ciudad de Curuzú Cuatiá, en la provincia de Corrientes donde cursó sus estudios y se incorporó a la filas de Gendarmería Nacional el 01 de abril de 1964. Su primer destino como Gendarme fue el Escuadrón 35 “El Bolsón” y más tarde fue trasladado al Escuadrón 34 “Bariloche”. En esa unidad realizó el Curso de Esquiador y trabajó en los Grupos de Montaña hasta el año 1969. Ese año fue convocado a realizar el Curso de Suboficiales en la Escuela de Suboficiales de Gendarmería Nacional en Jesús María, provincia de Córdoba, egresando como Cabo en 1970 y fue designado para desempeñarse como Subinstructor en el mismo Instituto.

Ese año contrajo matrimonio con la señora Eva Encarnación Salas de Cuyo, vínculo del cual
nacieron sus tres hijos: Carlos Alberto, Julio Cesar y Andrea María. En el año 1974 se postula y es convocado para realizar el Curso de Comando en la Escuela de Infantería del Ejército Argentino, finalizando el mismo con excelentes rendimientos y calificaciones.

Posteriormente fue designado como Subinstructor del mismo Curso de Comandos y realizó los cursos de Paracaidista Militar y Experto en Explosivos. Integró además el Grupo de Elite “Boinas Verdes” del Ejército Argentino (origen de las Compañías de Comandos), que serían asignados a misiones de alto riesgo y responsabilidad.

Su destino de revista en la Fuerza era la Escuela de Suboficiales de Gendarmería Nacional, Instituto que capacitaba (y lo sigue haciendo) a los Aspirantes a Suboficiales del entonces Escalafón General, hoy Seguridad. Estos Cursos eran anuales y se iniciaban en los últimos días del mes de enero para finalizar en el mes de Diciembre. El día 2 de febrero de 1976 ocurrió el trágico hecho en el que entregó su vida al prójimo, en un acto heroico y cumpliendo funciones como Subinstructor de los Suboficiales de la Fuerza que orgullosamente integró. Con su actitud demostró ser un hombre íntegro, con convicciones firmes y valores innatos.

En su corta vida demostró ser un hombre probo, un Gendarme que dedicó su vida a la Fuerza con una gran pasión y profesionalismo, sumada a una gran visión de futuro. Tenía además sólidos valores que no dudó en poner en práctica para proteger la vida de sus compatriotas. En su memoria, en el lugar de su trágica fue erigido un sencillo Monolito rodeado de cuatro árboles que representan a su Familia.

El ejemplo de un Héroe

El Suboficial Blas Ramón Benítez era uno de los Aspirantes que en el año 1976 realizaba el Curso en la Escuela de Suboficiales, como parte de la 3ra Sección del Escuadrón de Aspirantes “A”. A más de 40 años y ya retirado, comenta que esa tarde “el Sargento Escobar nos llevó hacia el Polígono de Tiro con Pistola. Nos formó en la calle de tierra que iba hacia la ladrillería y en el medio de la instrucción ocurrió el desenlace. Para nosotros fue un gran Instructor”. En el campo de instrucción y con las otras Secciones estaban además el Sargento Primero Ramón Gumercindo Acosta (muerto en Combate en las Islas Malvinas) y los Sargentos Pedro Mendoza, Pedro Caballero y Víctor Argañaráz, quien lo acompañó en la ambulancia y en cuyos brazos falleció por las graves heridas recibidas.

En sus 12 años de servicio, el Sargento Alberto Escobar dejó una profunda huella en la Gendarmería Nacional. Junto a otros Oficiales y Suboficiales, soñó una Fuerza con el profesionalismo que hoy tiene y un prestigio a nivel nacional e internacional. Su historia es poco conocida, pero forma parte de los cimientos de los grupos altamente especializados que hoy existen en la Fuerza, como ser los Grupos Especiales de Montaña y las Fuerzas Especiales. El espíritu del Sargento Alberto Escobar está impregnado en cada uno de sus integrantes ®.

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