LA CONSIGNA DEL PROGRAMA «SERVICIO CÍVICO VOLUNTARIO»: no dejar a nadie atrás

La educación no cambia al mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo” Paulo Freire y este pensamiento-acción, es un motor de impulso para este programa que hemos llamado Servicio Cívico Voluntario en Valores. Casi un millón de chicas y chicos jóvenes que por distintos motivos personales, familiares o de entorno, están en un limbo, un espacio vacío entre la formación y la realidad que les queda lejos.

Como Estado tenemos la responsabilidad de llenar ese vacío tendiendo un puente, no solo hacia los que no estudian ni trabajan y que, en esas condiciones, difícilmente puedan ser protagonistas de cambios que hagan mejor sus vidas, las vidas de otros y por fin, puedan impregnar cambios positivos en la sociedad. También hacia los chicos que aún yendo a la escuela tienen un mundo de horas vacías sin los incentivos para descubrir sus habilidades, sin bucear con método en sus sueños de futuro.

Este programa es un firme intento de coordinar estrategias formativas de manera multiagencial y de acercamiento a ese sector desgarrado al que debemos dar una respuesta del Estado, para lo cual desde el Ministerio de Seguridad de la Nación, coordinamos contenidos formativos con áreas del Ministerio de Educación de la Nación, por ejemplo el Instituto Nacional de Educación Tecnológica – INET, con experiencia demostrada y capacidad para interesar a jóvenes en carreras técnicas tradicionales y las de nueva generación como las tecnologías inmersivas, la robótica y los video juegos entre otras, junto al Instituto Universitario de Gendarmería.

Poner estas herramientas en consuno con la experiencia demostrada de vinculación con la sociedad civil en los entornos locales donde asienta sus unidades la Gendarmería Nacional, es una estrategia formativa en la que creemos. Los jóvenes sujetos de este Programa, necesitan encontrar impulsos que les haga sentirse protagonistas.

Necesitan un método que los ordene, que les ofrezca pautas de convivencia, insertándose en un medio que los ponga en el cumplimiento de horarios y en la adquisición de herramientas y contenidos que los prepare a ser aptos para el mercado laboral actual, haciendo hábito en la disciplina que los fortalezca y preparándolos para los desafíos que vayan descubriendo en este programa que los orienta en su vocación.

Hablamos de poner el esfuerzo para ayudar a reconstruir individuos que han quedado rezagados y por quienes no debemos seguir mirando para otro lado. Hablamos de formación y de estudio, de integración grupal, de redimensionar el respeto, resignificar la solidaridad, de cumplir horarios y reglas de convivencia.

Hablamos de buscar objetivos que tengan a la dignidad de la persona humana en el centro de nuestra preocupación académica. En definitiva hablamos de valores. De mirar a la Bandera en el mástil y entonar las canciones patrias sintiéndose parte de esa construcción colectiva de un presente y un futuro que los haga sentir protagonistas.

Aquí no hacemos una tarea por opuestos. No es aula de escuela versus aula de Gendarmería. Nuestra práctica es integradora para potenciar todos los instrumentos que seamos capaces de poner a disposición en manos del Estado y de la Sociedad Civil para ir juntos a abrazar a estos chicos, nuestros hijos más desolados, frente a quienes no valen argumentos confrontativos.

Comprender que su soledad nos interpela y estamos diciéndoles: Aquí estamos, cuenten con nosotros. Algunos dicen que esto es imposible. Los invitamos a repensar las inmensas palabras de Nelson Mandela: “Es imposible hasta que lo hacemos”. Hagámoslo y si hay que corregir, seamos permeables para aceptar ideas nuevas, técnicas educativas mejores. Pero hagámoslo ya.

FUENTE: Diario Clarín. Nota de opinión escrita por Daniel Barberis, Coordinador Nacional del Programa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *