Cuento de Humor y ficción: Gendarmes a la Luna

 

Esa mañana se había levantado más temprano que lo normal. Prendió el televisor y bajó todo el volumen como para no molestar al resto de la familia que aún dormía. Puso un noticiero, pero solamente para ver qué temperatura se anunciaba en un rinconcito de la pantalla, ese dato indicaría cuánto de abrigo habría de ponerse. Once grados. Hacía frío suficiente, hasta como para llevarse una gorra. Era calvo, y el frío le molestaba en la pelada. Entre las pasadas que hacía frente a ese televisor con el volumen anulado, un titular en letras roja captó toda su atención, pensó que debía ser una broma, pero ese noticiero jamás bromeaba. Las falsas noticias no eran parte de su formato, la seriedad sí lo era. Además, y también lo pensó, como para descartar, no era 28 de diciembre, estaban en invierno, así que por allí tampoco se justificaba alguna broma. Levantó un poquito el volumen y los conductores del noticiero madrugador comentaban la gran primicia: Argentina enviaría una misión tripulada a la Luna. No escuchó más que eso porque ya tenía que salir, sino llegaría tarde al subte, y entrar después de las siete al subterráneo significaba viajar como sardina.

Ese Comandante trabajaba en la Dirección de Operaciones de la Dirección Nacional. Cuando llega a su oficina quiso comentar lo que había visto en el noticiero y todos sus superiores estaban sumamente ocupados con solucionar un problema muy pero muy urgente. Él era el más moderno, el de menos jerarquía, en esa Dirección, los otros eran Comandantes Principales antiguos en el grado, además de tres Comandantes Mayores y un General, todos reunidos en la oficina principal de la Dirección de Operaciones tratando un tema que era más para que intervenga la Dirección de Personal que Operaciones; sin embargo, estaban opinando sobre a quienes enviarían a una misión especial, según pudo captar algunos datos que se comentaban.

Preparó mate y cebó algunos, quería meter un comentario acerca del viaje a la Luna anunciada por el Gobierno Nacional, pero nada, no le daban lugar. Hablaban de pedir listados actualizado de personal, sobre todo querían que allí estuvieran volcadas ciertas aptitudes especiales. Mencionaron que los más capacitados habrían de ser los de Fuerzas Especiales, porque ellos tenían muy buena preparación física, incluso dijeron que en el contingente debía ir un perito, no sabían exactamente para qué, pero por las dudas uno debía estar. Ese “por las dudas” que escuchó este Comandante, lo indujo a una reflexión, ya que no podía meter un ápice de su opinión entre los allí reunidos, por lo menos charlaría consigo mismo, respondiendo sus cuestionamientos, era muy callado y parecía que siempre estaba analizando algo, moviendo la cabeza o haciendo algunos ademanes mínimos. Se tomó otro mate, ya tomaba solo, nadie lo acompañaba, y para sus adentros se dijo, que era raro eso de decidir algo “por las dudas”, por las dudas de qué, qué rara paradoja (se dijo), como si la duda fuera una certeza que obligaba tomar alguna acción, parecía que en el análisis de la situación algo podría escaparse y ante esa insospechada eventualidad un perito viene bien, como para decir que estaba nomás, total, qué puede resolver, si son muy civilotes, según se acordó de cierta cualidad con la que siempre gastaba a sus camaradas de esa especialidad. Civilote era una caracterización otorgada a aquellos que, aún habiendo recibido la misma instrucción militar, durante igual cantidad de tiempo, actuaban con ciertas conductas un poco en las fronteras de los cánones militares, en un horizonte difuso, en el que se parecen mucho a un militar, pero de cerca son casi tan civiles como la alpargata, analogía que contrasta con las botas. Absorbe un mate y se quema la lengua, eso lo hizo volver en cuerpo y alma a esa oficina de ánimos candentes, donde iban y venían órdenes, todo muy presuroso, y no aguantó más su contenida cordura y se acercó a un Comandante Mayor, quien era accesible, y le dice, “Mi Comoate, el gobierno anunció una misión espacial a la Luna y acá estamos enloquecidos con una lista de personal”. No, no está mal escrito “Comoate”.

Cierta vez un Juez Federal, con quién tenía mucha confianza, la que se había ganado con mucha dedicación al trabajo y también por impecable lealtad, en medio de un allanamiento donde se había secuestrado una gran cantidad de droga, se dirige a él y le dice «Lo felicito Comoate», y se lo repitió varias veces, hasta que un momento le pregunta, ¿Doctor, por qué me dice Comoate? Yo escuché que así le dicen sus camaradas, responde el magistrado. Recién ahí prestó atención en la expresión de sus subalternos, y sin esforzarse dedujo la causal, el gendarme ha aprendido a responder al instante, con energía y corrección, y en la rápida dicción era eso lo que salía como vocablo, pero todos dicen lo mismo, y todos aceptan y responden a esa voz con la que se inicia un diálogo con un Comandante, que puede ser desde Segundo Comandante hasta Comandante General, incluso pasaba algo similar con «Sargento Ayudante», y lo que se decían, era «Sargento Ayuate», como que la sílaba «dan» pasaba inaudible ante la velocidad oral.

Con el comentario del viaje a la luna que le hace al Comandante Mayor, con el que tenía buena onda, lograba dos cosas, anoticiaba a un superior de un suceso nacional que marcaría un punto de inflexión en la historia mundial, y al mismo tiempo indagaba, quería saber algo respecto a eso que inquietaba a toda la Dirección General de Operaciones, aquello sobre el personal a seleccionar para una misión muy especial. El Comandante Mayor, le respondió con una síntesis cargada de ironía, que lo dejó más intrigado todavía: ¡Usted siempre adánico, Comandante!, vocalizó marcando cada sílaba del grado, casi haciendo estallar las consonantes, porque así cargó de seriedad a su expresión.

Este Comandante, agarró el mate, se alejó y trataba de atrapar algún dato, para saber de qué se trataba tanta urgencia. Estiraba el brazo con el mate y nadie lo agarraba, él solo ya llevaba tomando como quince mates de seguido. Enciende el televisor en la oficina, y allí en letras rojas y en mayúscula estaba el titular que había despertado a todo el país: ARGENTINOS A LA LUNA, decía Crónica TV. Abrió un par de portales de noticias de la Web y los titulares narraban que, ante un inminente y avanzado acuerdo con la NASA, un grupo de investigadores argentinos había convencido a los norteamericanos sobre las bondades de la misión ideada desde Argentina; sin embargo, a sus superiores parecía que esto no les llamaba la atención. ¿Qué sería más importante que esto? Cambiaba de canal, para mostrar que todos los programas mañaneros hablaban de lo mismo. Levantó el volumen, como para que le digan algo, y nada.

De pronto, un Comandante Principal le dirige la palabra, y le pregunta, ¿Ud habla bien inglés?, más o menos, respondió él. Solamente hubo un meneo de cabeza de parte de aquel Oficial Jefe, hacia los lados, como desaprobando, como que era un reproche en gestos, hasta le hizo otro gesto con la mano derecha, algo así como haciendo rotar la mano abierta, movimiento como enroscando un foco, dos o tres veces hizo ese gesto. Hasta le pareció escuchar que iba acompañado de un “Frente”. Pero él no cabeceó, eso ya no era parte sus movimientos militares, no obstante, esa pregunta, acerca de su inglés, no solamente no le aclaró nada, sino que los dejó más perplejo todavía.

Aquel Comandante Mayor piola, casi amigo, sale del despacho del General y le alcanza una hoja al Comandante. Era una copia de la noticia estelar. Esto es justo lo que yo quería comentar desde temprano, le dice al Oficial Superior. Lea el texto de la noticia, le increpa el Comandante Mayor. En medio del texto, casi desapercibido, y sin repetirse, decía que siete de los quince tripulantes argentinos que irían a la Luna serían Gendarmes. Al leer esto, su expresión de asombro no solo fue acompañada por un movimiento de brazos extendidos hacia los lados, además de ojos exorbitantemente abiertos, sino que también vocalizó una incontenible voz monosilábica extendida en su única vocal, dijo: “weeeeeeeeeeee”.

No terminaba de caer de su estupefacción que el Comandante Mayor le ordena al Comandante que realice un Estudio de Estado Mayor para crear una Patrulla Fija en la Luna. De modo que ya era un hecho que los gendarmes iríamos a la Luna, y con el “iríamos” ya se incluyó, sería por ese sentimiento de pertenencia que caracteriza a los hombres y mujeres de la Gendarmería, que comparten los logros institucionales como pertenecientes a todos. Los logros también unifican, la emoción de trascender cumpliendo la misión junta a toda la diversidad individual y la transforma en una Unidad, y desde allí cualquier misión es posible. Pero de inmediato pensó que era una broma, y para continuar con la chacota le preguntó acerca de a quién haría depender la Patrulla Fija, a qué Unidad, Dirección o Campo de la Institución.

Aquel Comandante Mayor no tenía idea de a quién asignar este nuevo elemento orgánico, pero si algo le había dejado la experiencia adquirida en los diferentes cargos que ocupó fue que sabía cómo incentivar cuando impartía una orden, para que sus subalternos saquen lo mejor de sí al momento de liberar la imaginación, con el fin de resolver problemas. Entonces, y ya con el tono y la solemnidad que requiere tratar un tema extremadamente serio, y como para aplacar toda interpretación mofa, le dice: “Comandante, usted se graduó con honores del Curso de Estado Mayor, así que sabe con creces que cuando el superior da una orden enunciando solamente el “qué” se debe hacer, los demás interrogantes básicos, el cómo, cuándo, quiénes, para qué y a fin dé, se los está dejando libre a quien tiene que cumplir con la orden; así que haga honor a sus laureles académicos y vaya a hacer el Estudio de Estado Mayor que se le encomienda”.

El Comandante recibió el desafío sin siquiera evidenciar una mueca de zozobra. ¿Cómo haría tal cosa? No sabía por dónde comenzar, si no había algún archivo medianamente parecido para copiar y pegar. Nada en toda la Gendarmería se acercaba lo más mínimo a lo que él debía hacer. Nunca alguien, en los casi ochenta años de la Institución, tuvo semejante reto. Encima ese Comandante Mayor ironizó con algo que era un logro para él. Se sentía orgulloso de haber terminado primero en orden de mérito del Curso de Estado Mayor de la Fuerza, y esas medallas se las dedicó a sus padres, como recompensa, como tributo de hombría de bien, y este Oficial Superior lo increpó con esos (sus) laureles. Pero como era un hombre abierto, se preguntó, ¿y por qué no?, ¿por qué no usar lo que allí había aprendido? Y ahí se le ilumina la mente. Abrió un archivo de un Estudio de Estado Mayor en el que hace poco había estado trabajando, con el que creaba una Sección en alguna parte del país. Entonces le cambió el nombre, más la situación inicial, y otros datos, omitió la planilla de imputación presupuestaria, dado que no encontró cómo imputar un traje espacial, entre los bienes consumibles, al presupuesto de la fuerza; y antes del mediodía entra a la oficina del Comandante Mayor, y con toda su estampa de alarde, por la celeridad con la que había trabajado para cumplir con una orden jamás antes dada a ningún gendarme, le entrega el proyecto de la Creación de una Patrulla Fija en la Luna.

Todo en una carpeta, con carátula e índice. El Comandante Mayor abrió la carpeta, salteó algunas páginas, leyó la misión de la Patrulla Fija y era la misma que para toda la Gendarmería, seguridad interior, defensa nacional y apoyo a la política exterior de la Nación, y en esta última encajaba este proyecto, ya que la Luna está en el exterior, y lejos. En ese momento al Comandante, autor del Estudio de Estado Mayor, le corrió una gota de sudor, se dio cuenta que, en el corte y pegue, en el apuro, no cambió las Funciones de la Patrulla Fija, y allí en el papel decía que debían cumplir con “Control de Seguridad y Prevención Vial”, “Control y prevención de delitos del Fuero Federal”, entre otros. Rápidamente ideo alguna forzada explicación, diría que se preveía que a corto plazo la Luna fuera base para futuros viajes hacia otros planetas, y ante esa nueva situación no vendría mal controlar un poco el tránsito espacial, pero no fue necesario, el Comandante Mayor buscó directamente el apartado donde se hallaba estipulada la dependencia orgánica que tendría la Patrulla Fija de Gendarmería Nacional destacada en la Luna, era incontenible sus ganas de saber cómo habría resuelto el Comandante esta cuestión, de paso leyó que el prefijo sería “PAFILUNA”, y ahí se da cuenta, mientras su rostro se transformaba, casi que se desfiguraba lentamente, como que su cara anunciaba un disgusto sin precedentes, y lee que esta patrulla estelar de la Gendarmería dependería del glorioso Escuadrón 25 “Jachal”.

Y con voz firme y pausada, dijo: ¿De dónde saca usted que la Patrulla de nuestros astronautas gendarmes, de nuestros centinelas estelares, debe depender de un Escuadrón de la pre cordillera? Esta pregunta no hizo daño al envalentonado ego del Comandante, no obstante, se acababa de enterar que Gendarmería ya tenía astronautas entre sus filas, además de que serían guardianes estelares, casi casi que esos gendarmes de Fuerzas Especiales, además del perito, eran tripulantes del Enterprise comandados por el capitán Spock. Lo pensó a la chacota, pero ni siquiera sonrió. Desde muy temprano a la mañana ya venía de sorpresas en sorpresas, como que se estaba acostumbrando a no asombrarse. La pregunta no movió ningún músculo de su cara, se mostró recio, inmutable, y con diligencia contestó a su superior: yo trabajé en el Escuadrón 25 “Jachal”, mi Comandante Mayor, tres años, y conozco muy bien su Zona de Responsabilidad, y de ese Escuadrón dependen el Valle de la Luna, le dijo con energía, seguridad y corrección.

El Comandante Mayor firmó sin pestañear la elevación del Estudio de Estado Mayor que creaba la PAFILUNA.

Nelson Vallejos

 

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