El Recuerdo a un Camarada

Las amistades entre los integrantes de la Gendarmería Nacional Argentina perduran en el tiempo.  El 04 de febrero del año 1998, falleció en un accidente de auto el Sargento Primero Héctor Daniel Quintana (Izq en la foto), integrante del Grupo de Desactivación de Explosivos de Gendarmería, con asiento en Campo de Mayo. Su muerte se produjo cuando su auto fue embestido por un tren, en el paso a nivel de la Estación Esteban Spegazzini del Ferrocarril General Roca, en el Partido de Ezeiza. Provincia de Buenos Aires. Hoy, su memoria es rescatada por el Suboficial Mayor ® Dardo Ocampo, quien detalla esa amistad y el recuerdo que perdura en el tiempo, en una sencilla nota que compartimos.

En esta oportunidad quiero rendir un sentido homenaje al Hombre Gendarme, compañero y amigo, que por circunstancias de la vida se nos adelantó en la partida. El quien en vida fuera el Sargento 1ro (f) Héctor Daniel Quintana, chaqueño de ley. Nuestro futuro comenzaba con la incorporación a la GNA los primeros días de septiembre del año 81, allá por el Escuadrón “Las Palmas” y nuestros primeros pasos dimos en el Escuadrón de Formación en Santa Lucia, provincia de Corrientes.

Llegó y pasó la gesta de Malvinas y nuestro primer destino fue la Escuela de Suboficiales “Cabo Raúl R Cuello”. En la Escuela de Suboficiales y al mando del entonces Sargento Ayudante Jesús Natalio Figueredo, nos interesamos, aprendimos y ejecutamos actividades como el Soldado Aislado y la Patrulla, desplazamientos y actividades de combate como instrucción. Así pasó el tiempo y nos hicimos Aspirantes a Suboficiales en ese Instituto. No había otras opciones, ¿quieren hacer el curso de suboficiales? Aquí se quedan a cursar, fue la respuesta, eran tiempos difíciles en esos momentos.

Así formamos parte de la XXVII Promoción del año 84. El curso de aquellos tiempos, nos fortaleció y nos hizo fuertes, aunque con altibajos. No hay logros sin tropezones, al final del Curso yo Dragoneante Principal, él Dragoneante, éramos felices. Recuerdo el Ejercicio Final, Fortete el 1ro Jefe de Agrupación y así descendía la cadena de Comando, Quintana en la 2da Sec Esc “B”, yo en la Sec “Bandidos”. La primera noche no los dejé dormir a toda la Agrupación. Desde que se instalaron en el vivac, en un descuido les desarme las carpas de secciones, entonces para cuando llegó la noche todas las carpas de campaña de la Agrupación fueron cubiertas con ramas espinosas de plantas del lugar de cercanías del actual Polígono del Destacamento Móvil 3.

Mis compañeros bandidos pronto fueron capturados y tomados prisioneros. Durmieron en carpas y por la cantidad, muchos durmieron bajo las estrellas. En tanto, yo incursionaba desde el monte al vivac, intentando sorprender o tomar algún elemento bajo el cuidado del “Aspirantaje”. Fue así que en su propio territorio donde me encontraba pegado al suelo, un centinela que avanzaba 4 pasos y se detenía observando la oscuridad en dirección al monte, sin percatarse que me tenía a un metro de distancia y cuando avanzara de nuevo tropezaría conmigo.

Esperando ese momento para atacar, me levanto estrepitosamente sobre la persona del Centinela, quien lo primero que hizo tirar su fusil hacia atrás en la oscuridad y tirándose encima de mí, sin poder zafar, gritando el alerta correspondiente e instantáneamente arribaron al lugar el personal más cercano. Imaginen al primero, si era mi compinche Quintana, que en la lucha y la pelea recuerdo de un revés voló como a 3 metros. Después imaginen, me llevaron en andas a la Guardia y preso, entiéndase como “prisionero peligroso”. Esa misma noche como a las 4 de la mañana, pude desatarme de donde me encontraba bajo las estrellas y un paño de lluvia; desaté a otros y los invite a correr en distintas direcciones. Yo tenía mi rumbo definido y así corriendo en la oscuridad y escapando a los estampidos y patrullas que circulaban durante la noche, pude trasponer un alambrado en un solo cuerpo a tierra a la gran carrera y seguir corriendo por un campo arado, escuchando al mismo momento, un tropel corriendo en distintas direcciones y siguiéndome.

La gran mayoría se llevaron por delante el alambrado, quedando allí enganchados y maldiciendo y felicitándome con tantos deseos, en particular uno, maratonista él. Me refiero a Norberto Martinez, que hizo una persecución dándome alcance a unos 200 metros del lugar. Cuando lo presentí cerca de mí, invertí rápidamente mi marcha para chocarlo de frente y un cabezazo en el abdomen, pero en esos momentos con las piernas acalambradas y con su propio preso sobre mi existencia hasta que en segundos llegaron al lugar los del alambrado bastantes bravos.

Algunos con cortes por el alambre de púas, allí de nuevo casi como un héroe me traían en andas, con insultos y demás de nuevo detenido, pero ya el trato no fue tan light como antes, sino atado a un árbol. El Jefe de Agrupación ordenó a un centinela, ponga dos dedos en la muñeca y átelo con una cuerda, con eso no le va a pasar nada. El hombre había estado en el Norte antes de ir al Curso; otro, un cordobés, sugirió que me pasaran un alambre que por la boca y lo atamos en la nuca “para que no joda más”. Así llegué como hasta las 10 de la mañana hasta que finalizó el ejercicio.

Después del egreso, nos quedamos con mi amigo a formar parte del personal fijo de la Escuela de Suboficiales. Fueron épocas de la seguridad en aeropuertos, la conformación de las Fuerzas Especiales, mientras nos preparábamos físicamente con el “Loco” Alberto, Quintana y yo. Como digo yo, no todos tenemos las capacidades para determinadas actividades, desistí en la prueba de pileta, Alberto hacia cinco piletas bajo el agua, y lo seguía mi amigo Quintana.

De esa manera y transcurridos momentos inolvidables en compañía de mi amigo, él se hizo hombre de las Tropas Especiales como Especialista en Explosivos y como el trajinar del gendarme es cumplir con la misión aquí o allá, nos encontramos algunas veces en algunos operativos, Rio III, Cutralcó, ESPAGN y siempre preguntando a conocidos, ¿sabés de Quintana, por dónde anda? Ahh, fue a los Estados Unidos a capacitarse en Explosivos, qué bien!!

Si mal no recuerdo, fue en los años ‘90 cuando nos vimos por última vez. Quiero agradecer al Sargento Primero Froilán Quintana, hermano de mi amigo, quien conociendo nuestra amistad, tuvo la deferencia en estos días de pasarme una foto con su hermano.

A vos amigo!! Que en paz descanses, donde quieras que estés. Seguramente llegado el momento, me podrás indicar el camino donde seguiremos de patrulla.

Por el Suboficial Mayor ® Dardo Ocampo

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